12 ago. 2011

El tipo de cosas que encuentras cuando no buscas


Jamás he buscado una amiga, quizá por miedo o puede que simplemente no creo en las esperanzas si a humanos se refieren. Y, no obstante aquí está, desgastando mis misterios cada día sin quererlo siquiera. Me agrada tenerla, ella está para mí cuando visito el mundo de las crisis existenciales, también mis días neuróticos, los de las felicidad efímera al igual que de la duradera, está presente en mis casi enfados, en el aura de las necedades. Sus pasos están junto a los míos en todas las primaveras y también en otoño cuando empiezo a destrozar todo y me vuelvo una estúpida compulsiva demostrando este hecho con  las muertes que causo en todo lo bello que logro crear. Me echa una mano en los olvidos, no hay mejor recordatorio que esa persona tan constante. Ríe a mi lado, y sí algo va mal no duda en decírmelo. Los secretos se quedan guardados por la eternidad ya que no hay mejor escondite que madame Juliet.
Le gusta conseguir todo lo que quiere, una vez que sus ansias hayan prendido fuego es aconsejable que nadie se cruce en su camino, perderá el tiempo viendo como gana. A pesar de esto pasa desapercibida, entra en una vida  y sale sin pretender volver a entrar en ella. No necesita aquello que no la quiere. Añado, por propia experiencia, que cuando se deja conocer da pasos de gigante siendo algo  tan pequeño. Nunca discutimos. Es una compañera colosal, no te hará mal, y sí algo de bien. Las charlas con Ivette no terminan, supongo que en eso nos parecemos un poco, tenemos miles de caras cuando abrimos la boca para provocar sonidos. Sabemos que las palabras se las lleva el viento tan rápido como empiezan a incordiar.
Nosotras, la misma moneda. Es la cara que destaca en ser amable, simpática,  callada, honesta,  divertida…Y sin embargo logra estar conmigo, yo que soy sinceridad asesina, milagrosamente tranquila, fría, extraña, cambiante, sarcástica, dañina aparentando ser todo lo contrario. Repito, la misma moneda porque realmente cada una cruza los límites de las caras a su antojo.
Le puedo enseñar la luna continuamente y sonreirá con los ojos. Conoce la belleza. No sabe lo que es la palabra puntualidad. Se adelanta a todo menos en llegar a tiempo. Desea quemar el cine más cercano para que deje ese vicio ya. Ama la palabra normalidad. Las comedias de amor. O las comedias. No es capaz de ver conmigo una película sin color. Y sí aguantar esos días en los que siento tal neutralidad provocándome a mi misma escuchar “música espantosa” o “ruido”, según ella. Se acuerda de mi con las estrellas, el detalle más grande que puede hacerme. Se burla de la lluvia cuando la empiezo a adorar. Le encanta bailar. Salir. Cantar hasta que ya no pueda más.  No es estúpida. Si puede aparentarlo. Sabe volar con la mente. Es feliz. Conozco todas sus caras. No hacen falta las palabras para adivinar lo que se propone. Es cristal. Transparente. Guardando una parte preciosa en una cajita opaca.
Ha logrado que le coja cariño, lo que pocas personas consiguen. Francamente, la quiero.

Buen viaje, espero verte pronto, aquí, en Septiembre.

Ella


2 comentarios:

  1. ¡Hola! Me encanta como hablas de ella y que cada vez que publicas en el blog lo hagas de esta forma.
    Tus textos son extraordinarios y te expresas genial.

    Saludos y espero que las vacaciones vayan bien! ^^

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  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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