11 abr. 2012

Disculpa perecedera

Disfruto del aleteo de la mariposa y de la flor de loto cuando crece,  me contenta el efecto de alcanzar su cielo, me deleita saber que ella es una excepción y un recuerdo. Tal como el salmón del río se va, ellas del mundo. Es el nacer y el morir lo que provoca que pida disculpas, dejo mis desechos en la Tierra, cuando, tal y como mis queridas amigas, no vivo en ella.  Perdón planeta Tierra, perdón por no seguir los círculos que tú has creado con tiempo y devoción. Lo siento, mi principio y fin,  no puedo saber todos tus presentes ni tampoco compartirlos. Me cuesta tanto alcanzar a escuchar tus noticias: muertes allí, engaños allá, dolor total. No puedes conformarme, eres incapaz de ser interesante por ti misma. Perdón, perdón, perdón.  Yo sólo quise imaginar, miradas en las hojas, palacios en los troncos de los árboles, lápices parlantes, estrellas enamoradizas, lunas, atardeceres y amaneceres de mi propiedad e infinito. Usé tus objetos, pero no son ellos, no hay nada parecido si no es en la forma. Las sombrillas sirven para viajar por el mar, el mar sirve para pasear sobre él y en él, pasear sirve para vivir, vivir para descubrir, descubrir para saber, saber para imaginar. Perdón por usarte, pero adoro poder volar en mi mundo cuando tú actúas como imán sobre hierro conmigo. A veces, como hoy, me siento culpable de no dejar mi libertad olvidada en un rincón recóndito.  Perdón por desentonar tanto contigo. Soy mía, no me afano de tu aire. 

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